“La obra de Rosana —pintada sobre cartón cuadradito, con forma de camiseta— aparece como un libro de imágenes para niños, en el que se eluden los estereotipos y se refuerza un discurso contra el autoritarismo. Precisamente, en un país como Argentina, en donde la educación constantemente pierde terreno por carecer de fondos y en donde los maestros representan uno de los escasos núcleos de protesta sindical organizada, la propuesta de Rosana intenta sacar a la luz lo que la desidia y la ignorancia clausuran.
(…) Con un dibujo casi infantil, Rosana logra que la apariencia de su pintura contradiga su esencia. El candor de sus colores, los objetos insignificantes, las figuras planas -todos ingredientes del repertorio pop- que utiliza contrastan con la mordaz crítica social que aventuran. Rescatadas y resemantizadas, las figuras -de una camiseta, una pelota, un huevo frito, un puñuelo de las Madres de Plaza de Mayo, un ratón Mickey- insisten en una silenciosa repetición, como ‘una manera de afirmar la idea, de hacerla más potente’. Una reiteración que no es tal, no solo porque el artista y los espectadores siempre somos distintos, sino, porque, de acuerdo al montaje que ella decide, cada una de las piezas -de 50 a 250 o más- de su pintura instalada establece un diálogo cambiante, diferenciado del significado dado por el contexto anterior.”
Victoria Verlichack, “Rosana Fuertes” en: El ojo del que mira. Artistas de los noventa, Fundación Proa, Buenos Aires, 1998, p. 86
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Rosana's work—painted on small pieces of cardboard in square, round, shield, ball, and jersey shapes—resembles a children's picture book, one that avoids stereotypes while reinforcing a discourse against authoritarianism. In a country like ours, where education is steadily losing ground due to chronic underfunding, and where teachers represent one of the few remaining strongholds of organized labor protest, Rosana's proposal seeks to bring to light what neglect and ignorance have obscured.
(...) With an almost childlike style of drawing, Rosana makes the appearance of her paintings contradict their essence. The innocence of her colors, the seemingly insignificant objects, and the flat figures—all elements drawn from the Pop repertoire—stand in sharp contrast to the biting social critique they convey. Reclaimed and re-signified, the recurring images—a jersey, a ball, a fried egg, a headscarf worn by the Madres of Plaza de Mayo, Mickey Mouse—persist in a quiet repetition, as "a way of affirming the idea, of making it more powerful." Yet this repetition is never truly repetitive, not only because both the artist and the viewers are always changing, but also because, depending on the installation she devises, each of the individual components—from 50 to 250 or more—that make up her installed paintings enters into an ever-shifting dialogue, producing meanings distinct from those generated by the previous context.
Victoria Verlichack, “Rosana Fuertes” in: El ojo del que mira. Artistas de los noventa, Fundación Proa, Buenos Aires, 1998, p. 86
Rosana Fuertes (Argentina, 1962)
Nace en Mar del Plata y desde 1990 reside y trabaja en Buenos Aires. Se graduó en la Escuela de Artes Visuales de Mar del Plata como Profesora Superior de Dibujo y Grabado. Desarrolló su actividad docente hasta 1996 en escuelas primarias de su ciudad natal, así como de Buenos Aires, a donde se trasladó a principios de la década del noventa. Fue una figura clave en el desarrollo de los lenguajes y prácticas artísticas que constituyeron la escena artística de esos años. En la obra de estos años predomina la factura manual, la seriación, la estampa, el contraste de colores plenos y estridentes, la representación de íconos de la cultura; y desde mediados de los noventa incorpora el uso de la palabra a través de la recopilación de frases dichas por ella, por otros artistas o por personajes de la historia nacional.
Tras el colapso económico, político y social del 2001 en Argentina, Fuertes priorizó otras necesidades que la condujeron a transitar un periodo de irregularidad en la producción plástica. Durante esta etapa junto con Daniel Ontiveros organizó un merendero en Constitución para ofrecer comida a mucha gente que pasaba necesidades, proyecto al que pronto sumaron su colaboración otros artistas y amigos. En 2011 por invitación de las Madres de Plaza de Mayo, en conmemoración del 35° aniversario del golpe de Estado en Argentina (1976-1983), presentó en el Mercado Central de Buenos Aires la exposición Con ojos de futuro. Sueños compartidos. Dicho acontecimiento fue el primero en llevar a cabo acompañada de su esposo Ontiveros. Allí exhibió una amplia selección de obras realizadas durante los últimos diez años.
En 1993 obtuvo el Premio Fundación Nuevo Mundo a la Nueva Pintura Argentina. En 1996 obtuvo la Beca John Simon Guggenheim of Fine Arts (Nueva York, Estados Unidos); y en 1998 la Beca para la Creación en Artes Plásticas de la Fundación Antorchas. En 1993 el Primer Premio a la Nueva Pintura Argentina de la Fundación Nuevo Mundo; y en 1994 el Premio de Premiados en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Ha realizado exposiciones individuales y colectivas en Buenos Aires, Mar del Plata, Mendoza, Asunción, México, San Pablo, Río de Janeiro, Curitiba, Birmingham, Aachen, Tokio, Bangkok, Amstelveen y Madrid.